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19.feb.2014 / 05:15 pm / Haga un comentario

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(Del Diccionario de la Real Academia Española: Tumulto: Motín, confusión, alboroto producido por una multitud. Confusión agitada o desorden ruidoso; y Cracia: Sufijo procedente del griego krátos, fuerza, indica dominio o poder).

Una de las características de los tiempos posmodernos en que vive nuestra sociedad, es la instauración o predominio del homo videns, donde, como lo señala Giovanni Sartori, “la palabra está destronada por la imagen”. Estamos así en una sociedad donde todo se registra, todo se graba (imágenes y audio), y donde además, se posee la capacidad técnica de transmitir y difundir de manera masiva e inmediata cualquier información a todos los rincones del planeta.

La conciencia y los estados de ánimo de la gente se adaptan ante la construcción de esta videorealidad. Estos mecanismos de condicionamiento están dirigidos principalmente hacia el consumo, pero igualmente se utilizan para la formación de opinión pública.

Se ha instaurado un principio casi sagrado: lo que no está en imágenes, no existe para el vertiginoso hombre moderno. La gente no cree o no confía, más allá de lo que sus propios ojos pueden ver.

Ahora bien, estas imágenes no son neutras. Generan un estado de ánimo, aceptación-rechazo en el video consumidor. Su manipulación (por intereses políticos, económicos y hasta de clase) puede llevar a una sociedad hasta los límites del odio, estimulada y potenciada por estos intereses. Así, puede más el que más grita, que es, el que más difunde y mediatiza su supuesta verdad. Sucumben los que no tienen un mínimo de capacidad para contrastar y verificar la noticia o para contrarrestar una matriz de opinión.

La derecha es especialista en construir verdades, en sembrar mentiras y odios. Ya lo vivimos el 11 de abril del año 2002. Nunca se nos olvidará como la construcción de una mentira (Puente Llaguno) convalidó y generó las condiciones, con un guión finamente diseñado, para ejecutar un golpe de Estado (lo hicieron en el Chile de Allende, y una y otra vez lo han repetido en agresiones violentas en África y el Medio Oriente).

Igual que el 11 de abril del 2002, vuelve la extrema derecha venezolana a intentar agobiar y generar zozobra en el pueblo venezolano. Si vemos más allá de los gritos histéricos de la derecha fascista y violenta, pero afortunadamente minoritaria, quedan en imágenes y con pruebas contundentes, las acciones criminales para generar violencia y destrucción por parte de la derecha fascista. No quedan dudas de que los hechos violentos del 12 de febrero de 2014, son parte del guión de violencia de la derecha fascista.

Pretenden generar caos y violencia con la paupérrima esperanza de mermar la legitimidad del Gobierno Revolucionario, elegido en base a nuestra tradición democrática: por mayoría del voto electoral. Estos criminales y apátridas sueñan fogosamente en ver convertida a Venezuela en otra Libia, en otra Siria, en otra mala copia de la revolución de colores, liderizada por las manitas blancas, llevando odio y muerte a las calles del país.

Una vez más la derecha fascista venezolana se enfrenta a una contundente derrota moral y política. En primer lugar, ya lo hemos dicho antes y siempre lo ratificaremos con orgullo, somos un país donde la inmensa mayoría de la población desea, quiere y práctica la paz. Esa mayoría de gente buena, es respetuosa de sus vecinos, de la convivencia ciudadana, respetuoso de la existencia del otro. La violencia es sólo la vía de una minoría cobarde, imposibilitada de expresarse a través del imperio de las ideas, de la tolerancia, de la comprensión.

En segundo lugar, y volvemos al homo videns, hay suficientes imágenes y pruebas donde se demuestra la “espontánea” actuación de las hordas fascistas de Voluntad Popular en todos los hechos violentos: capuchas, máscaras, cascos, bombas molotov, bidones de gasolina, armas, utilizadas a plena luz del día, en ejercicio de su particular derecho a la violencia, destruyendo y descargando su odio en contra de la Fiscalía, la Dirección Ejecutiva de la Magistratura, Bancos públicos y privados, ministerios, vehículos oficiales y particulares. Arrasaron hasta con las plazas y parques a su paso, nada quedó a salvo en el camino de las hordas ciegas de odio y de miseria.

La hoguera del odio de la extrema derecha fascista se ha encendido una vez más. La derecha quiere imponer su idea de Tumultocracia, tomar el poder por la fuerza de la turba, generar zozobra y caos para hacer caer el gobierno. Este es su sueño. Pero al igual que fracasaron el 11 de abril del 2002, este pueblo de Bolívar y Chávez los llevará nuevamente a la derrota.

Hay que reconocer eso sí, que la cobardía es patrimonio exclusivo y característico de estos líderes de la derecha. Unos como Capriles, escondiendo la cabeza cual avestruz, ya sin poder de mando o convencimiento sobre sus antiguas hordas; otros como Leopoldo López, con su sed de odio y con los ojos llenos de muerte. La extrema derecha está en combate intestino, en un alocado frenesí por ver y demostrar quién es el más violento, el más radical, el más fascista de los fascistas.

Al igual que el 15 de abril del año 2013, los líderes de la derecha han teñido sus manos de sangre. La sangre de los venezolanos corre futilmente por la sed de odio y ambiciones de la extrema derecha. Nuevamente ninguno da la cara, ninguno se hace responsable.

Este pueblo consciente, defenderá su democracia y su revolución en cualquier escenario de lucha.

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

 

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