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30.may.2014 / 04:38 pm / Haga un comentario

Decirse revolucionario supone conocimientos y análisis sobre los éxitos y fracasos de otras revoluciones en el mundo y la capacidad comparativa al mismo tiempo que pueda idearse salidas a coyunturas como la que vivimos a diario, en este país, nación y situación particular, que aunque algunos digan que se parece a la Revolución cubana o sandinista, tiene mucho más de nosotros que semejanza alguna con cualquier otra experiencia política de izquierda. Razón tenía Chávez cuando hacia énfasis en sus aseveraciones sobre imprimirle el sello “venezolano o nuestro” a la descripción del proceso. Dichas características del sujeto que lleva consigo la bandera de nuestra Revolución tiene grandes retos a desarrollar o morir en el intento y quedarse estancado en el querer ser… La ética revolucionaria y la confianza entre los revolucionarios son las dos grandes premisas a prevalecer en la definición de nuestra conducta individual y colectiva.

Con la desaparición física del Comandante Chávez no se propaga un libertinaje moral sobre la aplicación de criterios para conducir áreas determinadas del proceso, por el contrario, su legado, sin su presencia, nos compromete mucho más porque nos toca colectivamente no dejar morir su palabra y lo que es más complicado: demostrar que tenemos la capacidad de conducir los destinos de esta Patria sin desviarnos del camino que conduzca y establezca la suprema a felicidad del pueblo como mayor logro del pensamiento chavista.

Todos estos retos se nos acentúan aún más en pleno desarrollo del III Congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela, donde se discute en sus bases lo programático e ideológico que nos consulta abiertamente sobre, cuál es el programa del partido de la Revolución para los próximos años y cuál es el papel de su militancia; todo bajo los parámetros ideológicos del chavismo como doctrina y las otras que siempre han servido de guía y complemento para comprender las luchas que enfrentamos frente al capitalismo y el imperialismo. Sobre este último, fenómeno histórico expansionista de políticas neoliberales, capitalistas, también se comienza a discutir en el congreso, aunque al comienzo de este proceso político veíamos las amenazas y sólo las amenazas del poder imperial, y contra ellos luchábamos pero gracias a los inmensurables y reiterados esfuerzos que hizo el gigante Chávez en favor de la unión de los pueblos de américa latina y de alzar la voz por el mundo no sólo buscando aliados sino dando a conocer sus prácticas de Gobierno en favor de los más pobres, hoy podemos entonces analizar con mayor amplitud un logro tangible del chavismo, somos referencia en el mundo en materia política y no sólo por el petróleo, lo que aquí sucede se toma como ejemplo (aunque no siempre de forma positiva) para mirar el contexto de los cambios mundiales.

Por último, es el mayor de los desafíos morales que enfrentamos en este congreso, con el congreso y desde el congreso: la aplicación de la ética revolucionaria y la confianza entre los revolucionarios a la hora de discutir en profundidad sobre lo organizativo del partido. Valgan las críticas que permitan las transformaciones del partido y contribuyan a la transformación del Estado, valga alzar la voz, si va en favor de ampliar nuestros espacios de consenso político, gritemos si es por la unidad pero jamás nos olvidemos que el enemigo está en la acera del frente con las misma agenda del 2002 debajo del brazo. El Gobierno es de izquierda y el partido de Gobierno es el PSUV, por lo que el liderazgo colectivo es importante y fundamental pero también lo es el hecho de afianzar nuestra demostración de unidad en Nicolás Maduro como nuestro líder. No caigamos en la criticadera aguda a la que incurren muchos que terminan haciéndole favores a la derecha al satanizar el papel de un cuadro del Gobierno, el partido y viceversa, mucho menos desvirtuemos la importancia de la discusión de base de los tres documentos desplazándolos por el tema de la elección de los delegados y delegadas, es momento de demostrar que la confianza y la ética nos signa. Sigamos juntos en el debate aferrados a la moral que nos dejó Chávez circulando en las venas.

Jhonathan Sánchez

Periodista

 

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