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15.oct.2014 / 09:07 am / Haga un comentario

miguel-enriquez-540x405En Caracas acabamos de realizar un sentido homenaje al mártir revolucionario, Miguel Enríquez, quien fuera Secretario General del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) de Chile. Miguel fue asesinado por agentes de la temible Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), brazo de exterminio del mayor y más sanguinario asesino en la historia de América Latina, Augusto Pinochet.

Miguel Enríquez se destacó como líder estudiantil y activo militante revolucionario. Fue médico y escritor, miembro fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) en 1965.

A pesar del cruento golpe de Estado de septiembre de 1973, del bombardeo al Palacio de la Moneda, de la inmolación del Presidente Salvador Allende, de la represión, las desapariciones y las muertes, Miguel Enríquez rechazó la idea de abandonar el país y asilarse en alguna embajada extranjera. Por el contrario, desde la clandestinidad, comenzó a organizar y preparar, valientemente, actividades de resistencia contra la sangrienta dictadura de Pinochet. Estas heroicas acciones lo convirtieron en uno de los más “buscados” por la dictadura, la cual no descansó ni escatimó recursos hasta asesinarlo en octubre de 1974.

Esta no fue una dictadura más en América Latina. La crueldad de Pinochet no tuvo parangón, ni fue superada por ninguna otra dictadura. Es imposible resumir en pocas líneas el horror de sus acciones. Se estima que durante la dictadura de Pinochet más de 30 mil chilenos fueron asesinados, desaparecidos, torturados o encarcelados. Toda esta sanguinaria represión empujó hacia el exilio a más de un millón de chilenos.

No caben dudas, de que el fascismo chileno descargó todo su odio contra su propio pueblo. La dictadura fascista de Pinochet se instaló a sangre y fuego, arrasando con el gobierno de la Unidad Popular, elegida por los votos del pueblo. El Golpe en Chile, se dio en el marco dela confabulación y el hostigamiento generado por los grandes gremios empresariales, la burguesía y una intensa e implacable campaña de los medios de comunicación. Es la misma receta que el fascismo criollo intentó aplicar en Venezuela con el golpe de Estado y el Paro Petrolero de los años 2002-2003, contra el Comandante Chávez y la Revolución Bolivariana.

Tanto las acciones desestabilizadoras en contra del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende,el golpe dirigido por Pinochet, así como toda la represión desplegada en los años posteriores, utilizaron como fundamento el concepto de la “Guerra Interna”, copiado fielmente de la “Doctrina de la Seguridad Nacional” que los Estados Unidos inoculó en los militares latinoamericanos que asistían a la nefasta Escuela de las Américas. A través de sus Manuales de Entrenamiento, los militares latinoamericanos empezaron a considerar a las organizaciones y movimientos de izquierda como enemigos de la patria, justificando con ello su necesario aniquilamiento para garantizar el “orden interno”.Manuales como el KUBARK, el especializado en torturas, dan cuenta de los distintos métodos para “extraer” información y para el asesinato efectivo de los “enemigos”.

En Chile el fascismo también contó con brazos paramilitares de exterminio. Así, tanto el Partido Nacional como el Movimiento “Patria y Libertad utilizaron grupos de choque para efectuar asesinatos políticos (indistintamente contra militares, dirigentes gremiales o políticos de izquierda), realizar atentados terroristas contra servicios públicos, oleoductos,embajadas, sedes de partidos políticos y medios de comunicación. Todas sus acciones con el perverso propósito de provocar una guerra civil.

Esta tragedia no fue exclusiva de Chile. Las dictaduras militares trajeron consigo muertes, desapariciones y torturas a países del Cono Sur como Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia.Las atrocidades traspasaron sus fronteras y cuando se devela el “Plan Cóndor”, se pone al descubierto la coordinación y colaboración de los servicios de inteligencia y exterminio de las dictaduras, uniendo “esfuerzos” para perseguir, detener, torturar y desaparecer a los militantes de izquierda que se encontraban en el exilio. Entre sus atrocidades se encuentran el asesinato del general chileno Carlos Prats en Argentina y el asesinato con carro bomba del ex ministro del gobierno de Salvador Allende, Orlando Letelier en Estados Unidos. La impunidad y el desparpajo con que actuaba esta gente era tal, que no tuvieron ningún reparo en efectuar asesinatos en el seno del imperio norteamericano (Washington) o en Europa.

Hay un común denominador en todas las dictaduras latinoamericanas:la intervención de Estados Unidos, sus agentes, sus recursos y toda la cobertura necesaria para actuar impunemente. Cientos de Miles de vergonzosos documentos “desclasificados” (que desfachatez de término), demuestran la oprobiosa intervención y participación de Estados Unidos en cuanto golpe, conflicto o crimen político haya ocurrido en nuestro continente. En todas partes está la garra de la muerte de los halcones norteamericanos. Su voracidad y sed de sangre, no hay como saciarla, ellos se despliegan para defender sus intereses y negocios (más lo segundo).No tienen ningún escrúpulo o “moral” (el término moral, del latín morālis, “perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia”). La moral no existe en el léxico de la clase política y militar norteamericana.

Como dato curioso, la extrema derecha reaccionaria chilena, siempre “defendió” sin cuestionamientos a su asesino General Pinochet. No le objetaban en lo absoluto sus cruentos asesinatos que“permitieron salvar la patria”, pero si lo adoraban como paladín del neoliberalismo, salvador de la economía chilena y por su aura de impoluto, de honesto.Esta fachada se derrumbó, cuando empezaron a salir a la luz pública, “extravagantes” casos de corrupción y delitos internaciones, como los Pinocheques (estafa de una de sus empresas de maletín al propio ejército chileno);el tráfico y contrabando de armas y drogas a Croacia e Irak; el caso de las cuentas “ocultas” en el Banco Riggs, adonde paraba el dinero “mal habido” de la malversación de dineros públicos. HastaMargaret Thatcher“reveló”(de seguro que por accidente) que Pinochet “cooperó” con Inglaterra durante la Guerra de las Malvinas. Finalmenteel escarnio público e internacional de su detención en Londres en 1998, donde el juez Baltasar Garzónintentó juzgarlo por las muertes de ciudadanos españoles. Luego de los vericuetos legales, el magnánimo general Pinochet, logró librarse delos tribunales por “razones de salud”.

Las experiencias de terror aquí señaladas y aplicadas sin piedad por el fascismo chileno en contra del mártir revolucionario Miguel Enríquez y de otros cientos de líderes revolucionarios, es la misma receta que pretende replicar en el país la extrema derecha criolla y que se demuestra con el cruel asesinato de nuestro líder revolucionario Robert Serra.

Pero al igual que surgió la verdad, de entre las cenizas de las dictaduras fascistas en América Latina, el fascismo criollo no tendrá piedra donde esconderse ni ocultarse.Hasta el fin del mundo llegará la justicia. La agenda de violencia de la extrema derecha fascista venezolana, se encontrará de frente con un pueblo consciente, con un pueblo activo, que defenderá todas las conquistas de la Revolución Bolivariana.

Como un ejemplo de dignidad y de justicia, nuestra Revolución Bolivariana impulsó la creación de la “Comisión de Justicia y Verdad” como órgano garante de las investigaciones para sancionar los Crímenes, Desapariciones, Torturas y Violaciones de los Derechos Humanos por Razones Políticas en el período 1958-1998. Los asesinos, adecos y copeyanos, creyeron que sus crímenes de odio se mantendrían “olvidados y ocultos”,bajo el manto de impunidad que les otorgó la Cuarta República. Se equivocaron, ninguno de estos crímenes quedará impune.

¡Honor y Gloria a todos los mártires revolucionarios!

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

 

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