Análisis

14.sep.2016 / 09:59 am / Haga un comentario

Se cumplen 43 años del cruento golpe de Estado en Chile y la muerte del presidente mártir Salvador Allende. Luego de cuatro décadas aún la justicia sigue encausando a los tenebrosos fascistas de la extrema derecha chilena, los cuales cometieron atroces crímenes de lesa humanidad ocasionando miles de muertos, torturados y desaparecidos.

El odio descarnado de la derecha chilena en contra de Allende se originó por su predilección firme y decidida por los más pobres y humildes de su tierra. Fue el primer presidente progresista y socialista del mundo en acceder al poder por la vía electoral. En su Vía Chilena al Socialismo (junto con la Unidad Popular y en apenas mil días de gobierno), emprendió la reforma agraria para devolverle la propiedad de las tierras a los campesinos e indígenas históricamente excluidos. Mejoró el acceso a la educación y los servicios de salud. Emprendió la nacionalización de la industria del Cobre (una de las principales fuentes de ingresos del país). Ante el cierre y abandono de fábricas por parte de la oligarquía, aprobó la ocupación de más de 400 empresas que pasaron a control directo de sus trabajadores. Estas acciones jamás las perdonaron en la cúpula de la rancia derecha sureña.

Bajo la conducción de los partidos políticos de extrema derecha, principalmente la Democracia Cristiana (DC) y la poderosa oligarquía empresarial conservadora, se ejecutó ininterrumpidamente un perverso plan de asedio contra el gobierno de Allende. Esta gente realizó paros patronales (paralizando sectores claves de la economía y la industria); efectuaron manifestaciones y cacerolazos (encabezados por las señoras encopetadas de clase alta); ejecutaron atentados terroristas y asesinatos selectivos (Casos Araya Peeters, Schneider, etc.) a través de sus grupos paramilitares de extrema derecha: “Patria y Libertad” (cualquier parecido con Voluntad Popular no es coincidencia); desplegaron una campaña mediática despiadada, dirigida principalmente por el diario El Mercurio, financiado descaradamente desde Estados Unidos. La derecha saboteó la producción y distribución de alimentos y productos básicos, generando elevados niveles de escasez, tal como hacen en Venezuela. Es anecdótico que el presidente Allende ordenara la creación de la Dirección Nacional de Abastecimiento y Comercialización, el cual fue dirigido por el General Alberto Bachelet. Posterior al Golpe de Estado fascista ejecutado por Pinochet, este general (padre de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet) fue torturado y murió prisionero en la Cárcel Pública de Santiago. Su crimen, ser leal al presidente Allende y enfrentar con claridad y alta conciencia la situación de desabastecimiento creada por la derecha. De sus palabras resalta: “El hambre no tiene color político”.

Pinochet cometió monstruosos crímenes de lesa humanidad, pero siempre contó con el amparo, impunidad y la mayor protección de sus amos del norte: Nixon, Kissinger y compañía. Siempre toleraron y ampararon su política de arrase y extermino. Fue después de desclasificados miles de documentos secretos del mismísimo Departamento de Estado norteamericano que el mundo pudo enterarse de que docenas de generales y políticos chilenos estaban en la nómina de la CIA, destacando el General Manuel Contreras (formado en la Escuela de Las Américas) y director de la tenebrosa Dirección de Inteligencia Nacional (DINA).

La DINA no solo torturó, asesinó y desapareció a miles de chilenos en su país. Su inmensa capacidad de acción y la colaboración con las otras dictaduras militares y gobiernos de derecha del mundo, los llevó a ejecutar con total impunidad el asesinato con coche bomba del general Carlos Prats en Buenos Aires (1974) o el asesinato, también con coche bomba, de Orlando Letelier en pleno corazón de Washington DC (1976) en las narices del imperio.

Con el Plan Cóndor, esta derecha fascista coordinó y perfeccionó sus acciones para lograr el seguimiento, captura, aniquilación y exterminio de los exiliados políticos. En ningún país estaban a salvo. Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay unieron sus fuerzas para perseguir a los opositores. Todos estos crímenes fueron ejecutados bajo el telón de la Guerra Fría, donde la contención, a sangre y fuego, de todos los focos progresistas y comunistas, justificaron todos sus desmanes.

Ahora entiendo a la perfección el terror de muchos amigos del MIR-Chile y del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que durante nuestra época del liceo y la universidad asistíamos a las jornadas de solidaridad con Chile y por todos lados veían las macabras sombras de la policía secreta de Pinochet (DINA) marcado sus pasos y aterrando sus vidas para siempre. En Venezuela la DINA actuaba a sus anchas, con la complicidad y beneplácito de la DISIP adeco-copeyana.

Han pasado los años y el ejemplo de Allende nos fortalece y anima a seguir en la senda revolucionaria de la solidaridad, la hermandad y la justicia para los pueblos. Allende enfrentó con dignidad y grandeza todas las adversidades. Se puede destacar el día que se encontró con el sulfuroso George Bush (en ese momento embajador de USA en la ONU) y le suelta a bocajarro: “Quiero reiterar a su gobierno que el pueblo de Chile desea tener las mejores relaciones dentro del mutuo respeto. No identifico al pueblo de Estados Unidos con las acciones de la CIA en los asuntos internos de mi país”. Bush le responde con soberbia: “Señor Presidente, la CIA es también el pueblo de Estados Unidos”. A lo que Allende le respondió con integridad y mucha dignidad: “La entrevista ha terminado. Adiós”.

En Venezuela, las fuerzas revolucionarias hemos aprendido de estas heroicas gestas. Venezuela no es Chile. Aquí hay un pueblo con conciencia, claridad política, unidad de mando y mucha organización que nunca permitirá que nos desgobierne la derecha fascista.

¡Viva Allende y su heroica resistencia!

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

 

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