Análisis

7.dic.2016 / 10:35 am / Haga un comentario

La noción de utopía se nos presenta como una “sociedad ideal”, muy alejada de las opresiones y excesos que han padecido los súbditos en las monarquías o los ciudadanos en las democracias burguesas. Por eso se le retrata siempre como “inexistente”, irreal, casi imposible de alcanzar. Como señala el RAE es una “Representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano”. Fue Tomás Moro en 1516, quien nos seduce con la fantástica y maravillosa Isla de la Utopía, donde además de “hacer una crítica al capitalismo y a la propiedad privada, se plantea una sociedad nueva, basada en la propiedad social, la igualdad, la democracia y el desarrollo integral del individuo, a través de la educación”.

Los mercenarios socios del Club Bilderberg sienten que han conquistado el mundo. Que sin cruzadas violentas ni mucho aspaviento, han arrodillado a sus pies y comprado a la mayoría de los Estados y a toda la sociedad. En pleno siglo XXI, persisten en repartirse el mundo, convirtiendo al planeta entero en su predio particular con un inmenso letrero de neón: propiedad privada. Territorio exclusivo de las rancias y aristocráticas burguesías territoriales, de los banqueros y de las grandes corporaciones globalizadas, donde actúan a su antojo y para su exclusivo beneficio. Los ciudadanos, como meros consumidores, viven sometidos a la esclavitud bajo las cadenas del capitalismo depredador.

Pero siempre hay esperanzas. Al interior del ADN humano están grabados los códigos de rebeldía y libertad. Por eso siempre emergen liderazgos excepcionales que se tropiezan con la lógica de dominación del establishment y la enfrentan hasta derrotarla. Con empeño y tozudez, emergen hombres y pueblos capaces de levantarse ante cada injusticia, cada dificultad e incluso, ante cada derrota, con la fuerza suficiente para reaccionar, contraatacar y vencer cualquier obstáculo. Esta es la energía y audacia característica de los revolucionarios y hace posible la concreción de cualquier tarea, por más difícil e imposible que parezca. Son los hombres que ven lo posible a través de la utopía, alcanzando sus sueños y liberando a los pueblos oprimidos.

En todo esto pienso cuando recuerdo las enseñanzas y acciones ejemplarizantes de los comandantes Fidel y Chávez. Ellos siempre nos irradiaron de una energía mágica, esperanzadora, irreductible. Bajo sus mandos y direccionalidad política se logró la extraordinaria tarea de mantener a nuestros pueblos unidos, firmes y preparados para enfrentar todas las tareas, amenazas y agresiones. Se empeñaron siempre en grandes cruzadas libertarias y junto al pueblo cambiaron todo lo que los rodeaba.

Mientras la mayoría del planeta vive arrodillado frente a la serpiente devoradora del capitalismo (Tío Sam, Banco Mundial, FMI, etc.), Fidel y Chávez enseñaron a sus pueblos a abrirse caminos, a crear y construir nuevas formas que garanticen, con mayor eficiencia y equidad, el bienestar de los pueblos. Nos enseñaron a estudiar y formarnos, a debatir y confrontar las alucinógenas capsulas de la lógica dominante.

Fidel y Chávez eran del futuro. Siempre estaban cientos de pasos más adelante que nosotros. Venían de tanto en tanto trayendo las buenas nuevas, como los antiguos profetas, hablándonos de un mundo mejor. Un mundo posible. Una Isla de la Utopía con todo el planeta colmado de justicia, igualdad y solidaridad. Un mundo donde todos los hombres, mujeres y niños tuvieran los mismos derechos.

Ellos se encargaron además de develar las miserias y taras del capitalismo depredador. Nos enseñaron al monstruo y pusieron en evidencia que la mano invisible del mercado es la mayor perdición de la humanidad, donde todo se transa y se pone precio a derechos fundamentales como la salud, la educación, el hogar familiar, la tierra de los campesinos y a nuestros recursos naturales. Para la clase dominante todo es una mercancía de libre cambio. Si revisamos bien, con todas sus argucias, miserias y pestilencias, de seguro que hasta pagamos impuestos por el aire que respiramos. Con esta gente egoísta y miserable, el planeta y toda la raza humana van en camino directo hacia su perdición.

Contra esta gente se alzaron Fidel y Chávez. Sigamos su maravilloso legado por la senda revolucionaria, construyendo este Otro Mundo Posible. Comandantes ordenen, que “lo posible está hecho, y lo imposible se hará”.

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

 

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