Análisis

5.ago.2015 / 08:56 am / Haga un comentario

(Caracas, 05/08/2015).- Como es su costumbre, la oposición venezolana siempre aprovecha cualquier tema para intentar deprimir, alarmar, acosar e inyectar veneno sobre el pueblo venezolano. No pierden ninguna oportunidad para sembrar el odio. Trasmiten en cada una de sus palabras, gestos y acciones su deseo insaciable y perverso por propagar el caos y la destrucción. Disfrutan perversamente con las adversidades y problemas del pueblo. Sacan cuentas que de allí sacaran provecho político.

Desde esta derecha maquiavélica, sus voces agoreras (Ricardo Hausman, Tomás Páez, David Uzcátegui), han pretendido teorizar (y alarmar) sobre el tema de la diáspora venezolana regada por todo el mundo. Los escritos y palabras de esta gente no tienen nada de ingenuidad científica. Todas sus expresiones están llenas de maldad y desprecio hacia los venezolanos, declarando la cercanía del apocalipsis nacional por el supuesto éxodo masivo, casi bíblico y muy a lo hollywoodiense, de venezolanos hacia el exterior.

Pero veamos primero el término Diáspora, el cual según el Diccionario de la Lengua Española (RAE) se refiere a la “Dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen”. Son individuos o grupos de connacionales que abandonan sus países para trabajar, estudiar o radicarse en cualquier otro país del mundo.

Hoy a esta tendencia se le denomina flujos migratorios. No solo se estudia la movilidad y características de las personas (grupos etarios, sexo, profesiones, etc.), sino que se estudia su impacto en las economías mundiales (tanto su aporte como masa trabajadora a la producción de bienes y servicios, como a su capacidad de consumo), sus transferencias financieras (remesas), y su impacto cultural y de integración en la sociedad receptora. Destaca en los actuales momentos, el impacto negativo (crisis humanitaria) de las grandes oleadas de inmigrantes de origen árabe y africano, que cruzan el Mediterráneo tratando de llegar a algún país europeo (esta dramática situación es consecuencia directa de las guerras “profilácticas” de Estados Unidos y Europa contra Irak, Libia, Siria y todo el Medio Oriente).

Muy a despecho de la malévola oposición venezolana, la migración es un fenómeno mundial, preponderantemente de carácter económico-laboral, donde los migrantes aspiran a obtener mayores ingresos para mejorar sus condiciones de vida. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) este fenómeno se caracteriza por: abarcar de 175 a 232 millones de migrantes (2000-2013); representando la migración sur-sur el 57% del total; Presión demográfica: Mil millones de nuevos trabajadores hasta 2030; Mujeres y niñas representan casi la mitad de la migración internacional (48%); La mayoría migran entre los 20 y los 34 años; y se observa un crecimiento sustantivo de migrantes “calificados”.

Otro de los fenómenos muy estudiados en el tema de la Diáspora es el de las Remesas. Esto en virtud del impacto positivo de los flujos de dinero que los migrantes envían desde sus lugares de trabajo hasta sus familias en sus países de origen, permitiendo mejorar el ingreso familiar y sus condiciones de vida, reduciendo la pobreza e incluso potenciando la capacidad de inversión y ahorro familiar.

Las remesas financieras representan una importante fuente de ingreso para muchos países “en desarrollo”, llegando a competir con los flujos financieros provenientes de la inversión extranjera, los préstamos internacionales o la ayuda humanitaria. Nada más en Estados Unidos hay más de 23.000.000 de migrantes trabajadores. Los migrantes latinoamericanos envían anualmente a sus países de origen más de 62 mil millones de dólares (2012). De esta cantidad, solo México (no le cuenten a Donald Trump) recibe en remesas de sus emigrantes flujos financieros sobre los 30 mil millones de dólares anuales. Superando con creces a Brasil, Guatemala, Colombia y El Salvador los cuales reciben aproximadamente alrededor de 5 mil millones de dólares cada uno. El impacto de las remesas es de tal magnitud que para países como Haití llega a representar hasta el 21% del PIB, Honduras el 19% y más de 16% para El Salvador. El total mundial de las remesas se estima en unos 436 mil millones de dólares (2014).

La viveza criolla

Mientras esto ocurre en el resto del mundo, grupos de manganzones criollos han tomado por asalto el “negocio” de la divisa. Pegando gritos histéricos a los cuatro vientos exigen por todos los medios que se mantenga su derecho divino a seguir traficando con las divisas. Los manganzones en vez de trabajar, de producir, de crear, quieren seguir chuleándose eternamente al país, en medio del contexto de una severa disminución de los ingresos nacionales en divisas, producto de los bajos precios del petróleo. Ellos son un efecto residual y perverso de la cultura de expoliación de la renta petrolera, acostumbrados a vivir en el despilfarro y sin aportar absolutamente nada al aparato productivo. Estos son los neomayameros, los neo “ta’ barato”, transmutados ahora en parásitos cadiveros.

Ya hemos visto como la inmensa mayoría de los connacionales de todo el mundo, salen de sus países a trabajar y estudiar, buscando siempre un beneficio económico y profesional para ellos y su grupo familiar. Desde el norte y otros países envían sus remesas religiosamente a sus familias. Pero esta gente no. Los manganzones criollos no mandan nada de allá para acá, por el contrario quieren y exigen que sus familias y todo el país les pague su dolce vita y los sigamos manteniendo eternamente. Por eso, lamentablemente, chapoteando entre la gente honesta, trabajadora y estudiosa, se enquistaron estas mafias de vividores, parásitos y estafadores, cuyo único objetivo es sacar provecho de las políticas cambiarias para lucrarse descaradamente. Nada de cursos de inglés en Las Mercedes, las mafias cadiveras, montaron “programas de formación”, a dólar preferencial, por todo Estados Unidos, Canadá, Irlanda, y hasta en la exótica isla de Malta. Sí leyó bien, la Isla de Malta en el Mar Mediterráneo (búsquelo en el mapa). Que descaro.

Por esto debemos seguir resistiendo todos los intentos de extorsión y el griterío de este pequeño grupo de vividores. Señora, señor, sacúdase al cadivero mayamero de su familia, el mismo que vive chuleándole los cobres. Dígale que es al revés. Que haga como el resto de los inmigrantes. Sí, que trabaje (de seguro le sonará horrible y pondrá mala cara). Que sigan sus estudios, pero que trabajen, para que manden unos dolaritos de allá para acá. Que dejen la mente cadivera en el pasado. Que se inoculen de ese virus y que hagan como el resto de los latinos que con esfuerzo y dedicación se van al Norte a trabajar para mantenerse y mantener a sus familias en sus países de orígenes.

Que dejen de despotricar del país, que lo respeten. Si no les pasará como el cuento del señor del yeso, un auténtico y acérrimo opositor amargado radicado en el exterior, el cual se vio en la circunstancia de tener un accidente y fracturarse el brazo. Allá en su amado “país receptor” le cobraban 20 mil dólares para componerle la fractura. Así que no tuvo más remedio que venirse al país, humildemente y cabizbajo, a ponerse sus clavos y yesos bien baratico en el sistema de salud nacional. Cosas de la vida, es una relación amor-odio, ambivalencia, como diría Freud. Tienen educación, salud, alimentación, y un largo etcétera, pero siempre reniegan y critican de su propio país.

Contrario a lo que dice Ricardo Hausman que “la diáspora suele recordar los momentos negros de una nación”, aquí en el país está un pueblo trabajador y estudioso, que cada mañana se levanta con energía y optimismo a dar lo mejor de sí. Esta derecha apátrida está discapacitada para reconocer a este pueblo, para valorarlo y ser parte de él.

Los de la Diáspora Cadivera me recuerdan un cuento del poeta Facundo Cabral, donde le reclamaban que él era un mantenido, y él decía alebrestado: “No te permito che, yo no soy un mantenido, yo cobro sueldo de hijo”. Así son los de la mafia cadivera.

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

 

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