Análisis / Internacional

7.oct.2015 / 04:36 pm / Haga un comentario

La baja calaña está nuevamente desatada y a la ofensiva. Vuelven al ataque las hienas con su campaña de agresiones y mentiras contra Venezuela. Desde los grandes medios de comunicación el acoso no se detiene. Como un disco monotemático y repetido, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) enfila sus poderosas baterías y anuncia, con bombos y platillos, que sus avezados agentes presentarán “cuatro resoluciones contra el gobierno de Nicolás Maduro”.

Su tema favorito es atacar a la Revolución Bolivariana y a cuanto país tildado de ñangaroso exista en la región (Ecuador, Nicaragua, Argentina, Cuba). Para el resto de los países (los de extrema derecha principalmente), aplica el silencio cómplice ante sus crímenes y delitos. El método “pañuelo en la nariz” es comprensible porque los grupos oligárquicos dominantes (con su poder económico y político) son los dueños y amos de los grandes medios de comunicación. Ellos son expertos en acusar, juzgar y condenar a otros.

En países como México y Colombia es “cotidiano” el asesinato, tortura y desaparición de periodistas. A estos gobiernos, la SIP poco les reclama. Sin embargo, a Venezuela la acosan ferozmente, acusándola de practicar la “opacidad” democrática. Vaya término aplicado por los que, siendo minoría, agreden permanente con todos los medios a su disposición al gobierno venezolano.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) es una poderosa Corporación. Pero como si fuesen una congregación de la Orden de los Carmelitas Descalzos, se autodefinen como “una organización sin fines de lucro dedicada a defender la libertad de expresión y de prensa en todas las Américas”. Entre sus “filantrópicos” objetivos están “Defender la libertad de prensa donde quiera que se impugne en las Américas” y “Proteger los intereses de la prensa”.

Por eso que nadie se equivoque, está gente tiene una clara direccionalidad política. La SIP es una “asociación de propietarios” que solo defienden sus intereses económicos y de clase. La “verdad” que defienden es la de ellos y la de sus agentes económicos y políticos.

Para resaltar el histórico talante neofascista de esta organización, en el año 2.000 fue elegido presidente de la SIP Danilo Arbilla, quien, sin pudor alguno, fue jefe de prensa del dictador uruguayo Juan María Bordaberry. Tremendo demócrata.

También destaca que la sede principal de la SIP está cómodamente instalada en la ciudad de Miami, bastión conspirativo de la extrema derecha latinoamericana.

En el show montado por la SIP contra Venezuela en este año 2015, destaca nuevamente el protoprócer opositor Asdrúbal Aguiar (barajita que también aparece repetida en su rol apátrida al frente de la camarilla de expresidentes, “Jarrones Chinos”, denominado Iniciativa Democrática de España y las Américas). Aguiar es el encargado de “recoger los expedientes y acusaciones” contra el país. Rancia tarea, que seguro realiza con el mayor de los gozos y la billetera llena de dólares.

En su miserable agenda destaca la ciega y automática “solidaridad con los 89 presos políticos”. Pero ni una sola palabra para condenar y repudiar las muertes y los heridos provocados por la Salida violenta de López y sus huestes neofascistas. Ni una palabra de aliento para las viudas y los huérfanos, solo se aboca la SIP a defender a los criminales y terroristas. Defender a López es defender a uno de los suyos, un par de la extrema derecha.

Suplicando la injerencia y el intervencionismo extranjero, estos deschavetados opositores piden a gritos que se “demande de los gobiernos americanos y la comunidad internacional” la intervención sobre nuestro proceso electoral parlamentario. Violentando así nuestra Constitución y la autonomía del Poder Electoral. Con total desfachatez irrespetan y menosprecian al pueblo venezolano, el cual con conciencia y sabiduría siempre se ha expresado masivamente a través del voto en cada proceso electoral. El único “atentado contra la voluntad soberana” lo ha ejecutado la derecha, con sus recurrentes intentos de Golpe de Estado y Salidas violentas. La extrema derecha siempre ha desconocido la voluntad del pueblo y ha tratado por todos los medios de imponer la “tumultocracia”, como vía expedita y espuria, para reponer los privilegios de la burguesía parasitaría.

Aguiar tiene el descaro de hablar de “fractura” (término hermanado al de “opacidad”, como parte de su metarrelato discursivo contra Venezuela) en “el periodismo independiente”. Todo un compendio de mentiras y falsedades, lleno de odio y mezquindades. Hace rato

que el monopolio de la información y la verdad, que unos pocos medios utilizaban para su beneficio, se ha democratizado en un torrente participativo y protagónico, que ahora está en manos del pueblo venezolano. La capacidad de la derecha de engañar y mentir ha disminuido, pero cuidado, todavía tienen fuerza y medios a su disposición, por lo que siguen engañando a uno que otro despistado opositor.

Hoy los venezolanos se informan, aprenden y opinan a través de múltiples fuentes y docenas de medios de comunicación. “La fuerza modeladora de la opinión” nunca más estará bajo el control y subordinación de los grupos dominantes. Ahora la verdad es una construcción colectiva que no puede ser manipulada por corporaciones o grupos de poder.

Nunca dejará de ser tragicómico, escuchar por todos los medios de comunicación a la derecha disociada, pidiendo a gritos libertad de expresión. Cosas de locos y maniáticos.

Siendo que la reunión de “propietarios de medios” agrupada en la SIP se está realizando en Charleston, Carolina de Sur, deberían aprovechar para “documentarse” sobre las graves violaciones a los Derechos Humanos que padecen los afroamericanos y latinos por parte de las autoridades locales y federales de ese país. Deben explicar porqué estas noticias son ocultadas o minimizadas por los grandes medios de la derecha.

Los “propietarios” de la SIP podrían discutir sobre racismo, exclusión y pobreza. Podrían disertar sobre el creciente número de matanzas en las escuelas norteamericanas y podrían “demandar” a su Presidente Obama, medidas para evitar las crisis humanitarias ocasionadas por Estados Unidos con sus criminales intervenciones militares en el extranjero (principalmente en Siria, Libia, Irak y Afganistán). Pero no. Nada de esto discuten los dueños de los grandes medios, porque el perro nunca muerde la mano del amo que lo alimenta.

 

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

 

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