Análisis

2.feb.2016 / 10:49 am / Haga un comentario

(Caracas, 16.02.16).- Compatriotas diputados y diputadas, pueblo de Venezuela. Y especialmente, sobrevivientes y familiares de la violencia promovida y ejecutada, durante 17 años, por los dirigentes de los partidos contrarrevolucionarios, que hoy aquí pretenden auto-perdonarse.

Nuestra Patria tiene una profunda fractura social, que viene de lejos. La exclusión económica, social y racial, a lo largo de toda nuestra historia, de las mayorías populares, a las cuales la oligarquía y sus operadores han llamado para criminalizar, salvajes, pardaje, gentuza, chusma, hordas, bandidos, bandoleros, niches, tierruos, marginales, “hordas chavistas”, negros, indiecitos y más recientemente quien preside esta Asamblea, desempolvó otra categoría racial, y nos llamó amulatados.

Elias Jaua

Esas mayorías populares, integrada por afrodescendientes e indígenas masacrados, campesinos y campesinas sin tierra, pescadores y pescadoras, trabajadores y trabajadoras explotados, desempleados y desempleadas, estudiantes perseguidos y bachilleres sin cupo, mujeres invisibilizadas, jóvenes del barrio criminalizados, comunistas, socialistas y militares bolivarianos fuimos conformando a lo largo de la historia este bloque histórico que hoy denominamos con orgullo: El Chavismo.

Este bloque histórico recoge centurias de masacres, de dolores, de resistencia, de lucha y más recientemente de victorias. Traición, tras traición, masacre tras masacre contra nosotros, la última de ellas en febrero de 1989, fueron forjando el camino de la victoria que encontramos bajo el liderazgo de nuestro Comandante Chávez.

Tras las rebeliones de los militares bolivarianos, que en 1992, se negaron a seguir disparando primero y averiguando después, el Comandante Chávez nos convenció, en 1996, de buscar un camino pacífico y democrático para resolver el conflicto histórico en Venezuela. Y con las reglas del juego de la democracia burguesa logramos, en 1998, la toma pacifica del poder político en Venezuela para hacer una revolución democrática que permitiera la inclusión, la visibilización y el reconocimiento de las grandes mayorías históricamente marginadas.

Pero a partir de 1999, las elites excluyentes aquí representadas por los partidos de la llamada MUD; decidieron romper todas la reglas del juego, como lo confiesan en la Ley que hoy van aprobar. En esta Ley, en su artículo 4, se reconoce que durante 17 años con la finalidad política de derrocar a los gobiernos de los Presidentes Chávez y Maduro, se han desobedecido las leyes, se ha instigado a delinquir, se han ocasionado lesiones y muertes a personas, se ha causado pánico en la colectividad, se ha obstaculizado vías públicas para ocasionar siniestros, se han dañado los sistemas de transporte, de telecomunicaciones y de los servicios eléctricos, se ha ocasionado daños a la propiedad pública y privada, se han asociado para delinquir, se han preparado, importado y accionado artefactos explosivos, se ha usado a menores en la comisión de delitos y se ha traicionado a la Patria, entre otros gravísimos delitos penales.

Además, de manera vergonzosa, esta Ley pretende ser una “LAVADORA” de todos los hechos de corrupción pública y privada cometidos en estos 17 años.

El chavismo como fuerza popular está integrado por hombres, mujeres y jóvenes que en inmensa mayoría profesamos la fe cristiana y que en su totalidad compartimos los valores cristianos, que son los mismos valores humanistas del socialismo. En consecuencia tenemos como valor el perdón, complementado con los valores de la verdad, la justicia, el arrepentimiento y la rectificación.

Dice la Biblia dice que “El que perdona la ofensa cultiva el amor, pero el que insiste en la ofensa divide a los amigos”.

Las facciones contrarrevolucionarias aquí representadas ofenden nuevamente a los sobrevivientes, a los huérfanos y huérfanas, a las viudas y viudos, a las madres y a los padres, sin asomar una palabra de solicitud de perdón o un mínimo gesto de arrepentimiento y pretendiendo que se eche al olvido las acciones criminales y sus responsables.

Pero la ofensa es mayor si se toma en cuenta que muchos de los responsables de la promoción y ejecución de las acciones violentas y sus consecuencias ya fueron amnistiados por el Comandante Hugo Chávez, el 31 de diciembre del año 2007. Son recurrentes en el desconocimiento y en la violencia, en menos de 10 años, y pretenden que volvamos a olvidar.

Pero quiero centrarme en la gravedad de que los que promovieron y ejecutaron degollamientos, ajusticiamientos, quemaduras, voladuras con bombas, contra ciudadanos y ciudadanas de manera indiscriminada y daños al patrimonio público, confesados impúdicamente en el artículo 4 de la ley en discusión, pretendan imponerle a la sociedad y a las víctimas el olvido.

Se quiere usar como argumento la Ley de Amnistía del año 2000. Esa Ley no fue para auto perdonarnos, porque ya todos los militares y civiles que participaron en la rebeliones militares populares de 1992, habían sido sobreseídos en sus causas. Esa Ley se aprobó a solicitud de la Agrupación de ExCombatientes de los años 60, que 30 años después de la llamada pacificación seguían siendo víctimas de persecución política y exclusión social, ya que ni siquiera derecho a la identidad tenían. Recuerdo aquí, el caso de Eligido Sibada “MAGOYA”.

El hecho vergonzoso del auto-perdón que Uds. traen aquí, sólo tiene como tristes precedentes los auto-perdones cometidos por los genocidas Pinochet en 1978, Videla en 1983 y Fujimori en 1995. Por cierto, todos esos actos fueron posteriormente desacatados, desconocidos, o derogados por tribunales nacionales, internacionales o por los parlamentos respectivamente.

Las amnistías, indultos, sobreseimientos, para que sean un instrumento de reconciliación nacional tienen que ser el resultado de un proceso donde se privilegie a las víctimas o de un acuerdo de paz nacional. Tal como ocurrió en El Salvador, Sudáfrica y está ocurriendo en Colombia.

Hay que subrayar que ustedes se han negado insistentemente a escuchar la verdad de los familiares de las víctimas mortales y de los sobrevivientes, es más las desconocen, y hoy pretenden negarles el derecho a que se investigue, se juzgue y se sancione a los responsables de su dolor.

Esta acción legislativa no va a unir a Venezuela, por el contrario, va a profundizar la fractura social que de tiempos atrás arrastramos como Nación.

Por lo tanto, en nombre de la memoria de los asesinados, de sus huérfanos y huérfanas, de sus viudos y viudas, de sus padres y madres, hermanos y hermanas, el Bloque de la Patria votará en contra y desconocemos desde ya esta legislación, exhortamos a los Poderes Públicos y a todas las autoridades civiles y militares a hacer lo propio, en ejercicio del Artículo 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, ya que esta legislación menoscaba los derechos humanos, y marcaría un grave precedente en la lucha contra la impunidad de la violación de los mismos.

Si queremos reconocernos como venezolanos y venezolanas se debe empezar por:

1. Pedir perdón a todas las víctimas. Como lo hizo el

Comandante Hugo Chávez el 4 de febrero de 1999 en

Los Próceres: “…todos los muchachos del 4 de febrero y del 27 de noviembre, hemos venido aquí y recojo el sentimiento de todos y lo primero que me sale del alma en este sitio, así como fue lo primero que me salió del alma en la Academia Militar de Venezuela, lo primero que me sale de lo más profundo del alma, hermanos, es pedir perdón. Sí, perdón todos; perdón por los dolores; perdón por lo que quedó atrás; perdón por las ausencias; por los hijos, por el alma; pero ustedes saben, en el fondo del fondo, que alguien tenía que hacerlo y nos tocó a nosotros hacerlo, pero; sin embargo, pido perdón.”

2. Renunciar de manera auténtica a la promoción y ejecución de la violencia como lo hicimos nosotros en 1997 y optar sin ambigüedades por el camino pacifico.

3. Renunciar al tutelaje del Gobierno de los Estados Unidos, el Reino de España y de la oligarquía bogotana.

4. Cesar todos los mecanismos de chantaje y guerra económica contra el pueblo, como forma de hacer política.

5. Respetar la unidad, dignidad y la doctrina bolivariana de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

6. Respetar la plena soberanía nacional sobre nuestras riquezas y los derechos sociales y políticos conquistados por el pueblo en 17 años de Revolución Bolivariana y Socialista.

Nosotros hoy aquí, ratificamos la propuesta del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro de constituir una Comisión para la Verdad, la Justicia, la Paz y la Vida, integrada de manera paritaria, que allane el camino para construir una sociedad donde podamos reconocernos todos y todas, con justicia, dignidad y paz.

Nosotros, siempre seguiremos buscando un alto de justicia y dignidad, como no los señaló Bolívar: “Por el camino de la revolución y no por otro”. Ojalá llegue el tiempo del perdón y del reconocimiento entre nosotros. Mientras tanto: ¡Por nuestros mártires ni un minuto de silencio ni de olvido, toda nuestra vida de lucha por la Patria Buena!

Muchas gracias.

Elías Jaua Milano.

 

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