Análisis / Juventud

14.abr.2016 / 08:58 am / Haga un comentario

Durante las guarimbas y ataques terroristas la derecha actuó bien coordinada, seleccionando estratégicamente sus objetivos. En sus maquiavélicos planes se concentraron en atacar oficinas gubernamentales y destruir todos los espacios públicos a su alcance. La acción política de la derecha se concentró en la guarimba, el vandalismo y en el asesinato selectivo.

Carecen de los más mínimos valores morales y éticos. La destrucción irracional de los bienes públicos es un ejemplo de ello. Parece que nunca se han montado en un autobús, por eso para nada les duele quemar los nuevos Yutong, que son donde viaja nuestro pueblo más humilde y la clase media misma. Tampoco han dudado a la hora de quemar preescolares, con todos los niños y maestras adentro. Esto evidencia que la deshumanización parece formar parte del metabolismo de esta camada de criminales y terroristas.

Los grupos violentos han actuado con total libertad de movimiento en los municipios San Cristóbal, Baruta y Chacao; llegando al colmo del descaro en el Municipio Sucre del Estado Miranda, donde las patrullas de Polisucre siempre han “cuidado” celosamente y con esmero a los guarimberos. Todos estos espacios son gobernados por los partidos de extrema derecha Voluntad Popular y Primero Justicia. Resalta, con total descaro, la figura del alcalde Ceballos de San Cristóbal, el cual fue descubierto dirigiendo encapuchado las guarimbas en su jurisdicción.

Se ha demostrado que los grupos violentos han contado con ingentes recursos financieros y logísticos, permitiéndoles estar siempre suficientemente bien apertrechados, con toda clase de armas, explosivos, gasolina, drogas, sistemas de comunicación, “viáticos” en bolívares y dólares, y un largo y tenebroso etcétera. Todo lo necesario para que las mentes violentas pudieran descargar su odio hasta la saciedad, de acuerdo a las instrucciones dadas por Leopoldo López en su plan de derrocamiento violento denominado la Salida. Su idea, pública y notoria, era generar condiciones de malestar e ingobernabilidad que le permitiera propiciar el derrocamiento del gobierno democráticamente electo.

Estos grupos de extrema derecha son fácilmente caracterizables: son los Cabezas Rapadas (Skinhead) criollos. Algunos provienen de las acartonadas familias de la burguesía venezolana, pero otros provienen de la clase media envenenada e inoculada de odio por la inmisericorde campaña mediática que la derecha descarga en contra de la Revolución Bolivariana. Algunos ingenuos opositores fueron manipulados por los embaucadores de la derecha. Fueron víctimas del engaño, terminando convertidos en carne de cañón frente a sus hogueras de odio. Allí no hay nada de pueblo y nada de espontaneidad. Todos son militantes o “asalariados” de Voluntad Popular y Primero Justicia.

Esta gente es conservadora y neoliberal a ultranza. Reaccionan más que violentamente para “defender” sus privilegios de clase o sus vicios. Son católicos de los que se rasgan las vestiduras frente al cura delante del Santo Sepulcro. Se arrodillan de primero en misa para ver si les cae algo de agua bendita en el ojo, esperando acumular indulgencias como si fueran millas de viajero. Sin embargo, el cielo lo tienen bien lejos (pasará primero el camello por el ojo de la aguja) ya que no han “captado” absolutamente nada del espíritu cristiano. Son incapaces de sentir amor por el prójimo, de ser solidarios. Su metabolismo no les permite desprenderse de lo material (así sean monedas en sus bolsillos) para ayudar al necesitado.

Los Cabezas Rapadas son irrecuperables. Vienen con una “crianza de odio” desde la infancia. Sus padres los llevaban a las manifestaciones de los años 2002 y 2003, para todos juntos descargar la arrechera, casi un Family Day del American Horror Story. Haciendo picnic con banderas tricolor negras o boca abajo (símbolo de rendición o socorro; como pidiendo una invasión gringa), renegando de los símbolos patrios, del Libertador, de las instituciones democráticas, de las leyes y hasta de los Otros (Otredad: “reconocimiento del Otro como un individuo diferente, que no forma parte de la comunidad propia”).

Esta gente vive añorado un pasaje para Miami, con cupo incluido claro está. En su patria son guarimberos, destructores y terroristas. Pero en el Norte nunca se comen la luz. Van detrás de la raya amarilla y ni siquiera tocan corneta, para no revelarse descorteces.

Estos sifrinos devenidos en guarimberos viven perpetuamente protestando y quejándose por las “dificultades” para mantener sus privilegiados estilos de vida. Solo viven para “raspar” y comprar miles de cosas innecesarias. Están inoculados de egoísmo y materialismo.

Viven en una neurosis permanente. Todo lo piensan en dólares, por eso viven amargados e infelices. Nunca dudarían en vender a su patria, a su madre o su alma por un Quarter Dollar (puro pichache).

Todo esto les otorga peculiaridad como grupo. Los Cabezas Rapadas terminaron convirtiendo sus acciones políticas (las guarimbas de la Salida violenta) en asesinatos y actos terroristas. Son unos cobardes, empezando por el propio López, ya que además de actuar con alevosía contra el pueblo venezolano, han sido incapaces de reconocer y asumir sus responsabilidades. Nunca han tenido la valentía de pedir perdón y dar la cara ante las víctimas, las viudas y los huérfanos.

Hay que alertar que algunos de estos Cabezas Rapadas han logrado llegar a la Asamblea Nacional como flamantes diputados de la extrema derecha. Ya se les ha visto amenazando con pistolas, liderizando disturbios, tirando piedras y manotazos o comportándose como guapetones. Esta es la derecha fascista, que como siempre, va descargando por doquier sus arrecheras y odios.

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

 

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